A muchos líderes les ha pasado alguna vez. Un colaborador comete varios errores seguidos o un proyecto no avanza como se esperaba, y poco a poco empieza a instalarse una idea en la cabeza del líder: “esta persona no es confiable para este tipo de trabajo” o “este equipo no toma suficiente responsabilidad”.
A partir de ese momento, sin darse cuenta, el líder comienza a actuar de manera diferente. Revisa más de cerca el trabajo, interviene antes de que el equipo tome decisiones o evita delegar tareas importantes. Todo esto suele hacerse con la intención de evitar nuevos problemas, pero con el tiempo termina generando un efecto inesperado.
El equipo empieza a responder exactamente a la expectativa que el líder tiene sobre él.
En el coaching ontológico se habla mucho del poder de los juicios. Un juicio es una interpretación que hacemos sobre una persona o una situación. El problema no es que los tengamos, porque todos los tenemos. El problema aparece cuando los tratamos como si fueran verdades absolutas.
Cuando un líder cree que una persona del equipo no puede asumir cierta responsabilidad, lo más probable es que deje de ofrecerle oportunidades para hacerlo. Y cuando esa persona no tiene oportunidades de demostrar lo contrario, el juicio termina reforzándose.
Con el tiempo se genera una dinámica difícil de romper. El líder interpreta que el equipo no responde como debería y el equipo percibe que no se confía realmente en su capacidad. Esto afecta la motivación, la iniciativa y la autonomía de las personas.
Muchas veces el rendimiento de un equipo no está determinado únicamente por sus habilidades, sino también por las expectativas que el liderazgo transmite. Cuando un líder comunica confianza, claridad y responsabilidad, las personas suelen responder desarrollando mayor compromiso con su trabajo.
Por eso, una de las preguntas más útiles que un líder puede hacerse no es solamente qué está haciendo el equipo, sino también qué interpretaciones está haciendo sobre él. Revisar esos juicios puede abrir una perspectiva diferente y generar nuevas formas de relacionarse con las personas.
A veces, cambiar la forma en que vemos a nuestro equipo es el primer paso para que el equipo también empiece a cambiar.