El éxito en el liderazgo no depende solo de las decisiones que tomamos o las estrategias que implementamos, sino también de cómo nos comunicamos con nuestro equipo. Muchas veces, los líderes caen en el hábito de dar instrucciones directas o transmitir su visión sin detenerse a hacer preguntas. Sin embargo, desde el coaching ontológico, se plantea que las preguntas bien formuladas tienen el poder de transformar conversaciones, ampliar perspectivas y generar resultados sorprendentes.

Una pregunta poderosa es aquella que invita a reflexionar, a cuestionar creencias o a considerar nuevas posibilidades. Este tipo de preguntas no busca respuestas simples o inmediatas, sino que abre un espacio de introspección y creatividad. Por ejemplo, en lugar de preguntar «¿Por qué no cumpliste con este plazo?», un líder podría preguntar: «¿Qué desafíos encontraste durante el proyecto y qué aprendiste de ellos?». Esta segunda pregunta no solo reduce la posibilidad de una respuesta defensiva, sino que también fomenta una reflexión más profunda que puede llevar a aprendizajes compartidos.

Desde el coaching ontológico, se sostiene que las preguntas generan realidades. El tipo de pregunta que hacemos revela nuestra interpretación del mundo y guía las acciones que se tomarán a continuación. Por ejemplo, un líder que constantemente pregunta «¿Quién tiene la culpa?» está perpetuando una cultura de miedo y desconfianza. En cambio, si pregunta «¿Qué podemos hacer para mejorar este proceso?», está fomentando un entorno de mejora continua y colaboración.

Otra ventaja de las preguntas poderosas es que potencian la autonomía y la creatividad de los equipos. Cuando un líder brinda respuestas automáticas o intenta resolver cada problema, sus colaboradores se vuelven dependientes de él. Por el contrario, al hacer preguntas que desafían a los miembros del equipo a encontrar sus propias soluciones, se desarrolla su capacidad de liderazgo interno. Esto no solo aligera la carga del líder, sino que también empodera al equipo para asumir mayores responsabilidades.

Sin embargo, para que una pregunta sea efectiva, es crucial el estado emocional desde el que se formula. Las preguntas cargadas de juicio o sarcasmo generan resistencia, mientras que aquellas hechas desde la curiosidad genuina y el interés por el aprendizaje abren puertas a una comunicación más fluida. Un líder que escucha con atención las respuestas, sin interrumpir ni juzgar, crea un espacio de confianza donde sus colaboradores se sienten valorados y comprendidos.

Implementar esta práctica puede parecer un cambio simple, pero su impacto es profundo. Los equipos que operan en un entorno donde se fomenta la reflexión y el aprendizaje a través de preguntas tienden a ser más innovadores, resilientes y autónomos. Además, las relaciones internas se fortalecen, ya que el diálogo se convierte en una herramienta para la construcción de relaciones sólidas y orientadas a resultados.

Si querés mejorar tu liderazgo y la comunicación con tu equipo, empezá por revisar el tipo de preguntas que estás haciendo. Preguntas más profundas, abiertas y orientadas a la reflexión pueden ayudarte a liberar el potencial de tu equipo y a transformar las dinámicas de trabajo. ¿Cuál será la primera pregunta poderosa que vas a implementar en tu próxima reunión?